Consejos

¿Qué entendemos por culpa? La culpa se puede definir como una sensación desagradable por haber hecho algo malo o haber infringido alguna norma, ocasionando malestar. Para entender cómo abordar este tema, primero tenemos que saber qué actos pueden ocasionar esta culpa al comer. El sentimiento de culpa después de comer puede ser causado por la categorización de alimentos en buenos o malos, derivado de creencias que hemos construido a lo largo de la historia. Es importante prestar atención a cómo comemos, si lo hacemos con conciencia, impulsivamente o compulsivamente y si disfrutamos del alimento. También es interesante revisar las normas internas y externas respecto a la forma de comer para entender de dónde viene la culpa cuando comemos.  Por otro lado, adoptar pautas estrictas y rígidas con la comida  o prohibición de ciertos alimentos puede generar culpa cuando tenemos, por ejemplo, hambre y/o sentimos hambre fuera de la pauta que nos hemos marcado previamente. 

 

Toda esta culpa nos puede ocasionar vergüenza e incluso obsesión, considerando ciertos alimentos o conductas como “pecado”. Esto deriva en frustración, pérdida de autoestima y una situación de malestar que a veces no sabemos cómo solucionar. 

 

Como conclusión, existen muchos mitos alimentarios basados en argumentos populares y que nada tienen que ver con las evidencias científicas, por lo que es importante contrastar cada premisa con información fiable. Lo principal en este caso es conectar con nuestro cuerpo, conocer la sensación de hambre y saciedad y desconectar el “comer con la cabeza”. Si te sientes así, te animo a poner solución a este castigo autoimpuesto con la ayuda de profesionales que te guiarán en el camino a reconectar con la comida 🙂

 

Signos que acompañan la culpa por comer

Es probable que, si sientes culpa por comer, estés iniciando o pasando por algún trastorno relacionado con la alimentación, lo que es muy importante prestar atención a ciertos comportamientos.

Algunos de los signos que indican este tipo de trastornos alimenticios pueden ser los siguientes:

  • Te obsesionas y sigues consejos para depurar el cuerpo tras la ingesta de alimentos
  • Sientes culpa por comer
  • Te sientes mal por saltarte la “dieta”
  • Restringes comidas y esperas resultados milagrosos
  • Utilizas el deporte únicamente con la intención de quemar todas las calorías que ingieres
  • Recurres a laxantes o a provocar el vómito para compensar y eliminar la culpa por comer alimentos que consideras malos
  • Sientes obsesión con los alimentos sanos y rechazas el resto
  • Evitas salir a comer fuera y si lo haces te sientes mal
  • Sigues dietas restrictivas poco saludables o realizas ayunos sin tener control
  • Clasificas los alimentos por si “engordan” más o menos
  • Idolatras o sigues las influencias de personas que fomentan los estereotipos corporales
  • Te basas en mecanismos compensatorios
  • Pones tu objetivo de peso siempre en números inferiores al peso óptimo

Si no se le presta atención, puede incrementar el riesgo de trastornos alimenticios como la anorexia, la bulimia bulimia nerviosa, la obesidad o los trastornos obsesivos compulsivos relacionados con la alimentación.

 

 

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