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COMER ENTRE HORAS ¿ NECESIDAD O HÁBITO ?

¿Tienes la costumbre de comer algo a media mañana o por la tarde? ¿O quizá abres la nevera mientras preparas la cena aunque no tengas demasiada hambre? Comer entre horas forma parte de la rutina de muchas personas, pero… ¿realmente necesitamos hacerlo o es simplemente un hábito?

La respuesta, como suele ocurrir en nutrición, es: depende.

¿Tenemos que comer cinco veces al día?

Durante años hemos escuchado que lo ideal es hacer cinco comidas al día: desayuno, media mañana, comida, merienda y cena. Sin embargo, no existe una frecuencia de comidas que sea obligatoria para toda la población.

Algunas personas se sienten cómodas haciendo tres comidas principales y llegan a la siguiente comida con un nivel de hambre adecuado. Otras prefieren incluir una o dos ingestas entre comidas porque tienen más apetito, sus horarios son diferentes o sus necesidades energéticas son mayores.

Por tanto, más que preguntarnos cuántas veces debemos comer, puede ser más útil preguntarnos:

¿Estoy comiendo porque tengo hambre o porque ha llegado “la hora de picar algo”?

Hambre o hábito: aprender a diferenciarlos

No siempre comemos porque nuestro organismo necesite energía. A veces comemos por aburrimiento, estrés, cansancio, costumbre, disponibilidad de alimentos o simplemente porque tenemos algo apetecible delante.

El hambre física suele aparecer de manera progresiva y puede satisfacerse con diferentes alimentos. En cambio, el deseo de comer asociado a un hábito puede aparecer de repente y estar muy ligado a un alimento concreto o a una situación determinada.

Por ejemplo:

> “Todos los días, cuando llego a casa, me como unas galletas mientras preparo la cena, aunque realmente no tengo hambre”.

En este caso, quizá no estemos ante una necesidad fisiológica, sino ante una conducta que hemos asociado repetidamente con un momento concreto del día.

Pero comer entre horas no tiene por qué ser malo

Aquí está la clave: comer entre horas no es, por sí mismo, un problema.

Si tienes hambre entre comidas, tomar un tentempié puede ser perfectamente compatible con una alimentación saludable. De hecho, en determinadas circunstancias puede resultar práctico: jornadas laborales largas, actividad física, determinadas necesidades nutricionales o simplemente una distribución de comidas que se adapte mejor a cada persona.

Lo importante es qué, cuánto, cuándo y por qué comemos.

Una merienda planificada puede ser muy diferente de picar continuamente durante toda la tarde sin prestar atención a las cantidades.

¿Qué podemos elegir si tenemos hambre?

Si realmente necesitas comer entre horas, intenta que ese momento también contribuya a una alimentación equilibrada.

Algunas opciones sencillas pueden ser:

● Una pieza de fruta.

● Yogur natural acompañado de fruta o frutos secos.

● Un puñado de frutos secos.

● Pan integral con tomate y aceite de oliva.

● Hummus con verduras.

● Fruta junto con yogur o frutos secos.

No existe un único “snack saludable”. La mejor opción dependerá de tus preferencias, tu apetito, tus horarios y tus necesidades.

El entorno también influye

A veces pensamos que nos falta fuerza de voluntad porque no podemos evitar picar. Sin embargo, nuestro entorno tiene mucho que decir.

Si tenemos alimentos muy apetecibles constantemente a nuestro alcance, es más fácil consumirlos de manera automática. También influyen factores como dormir poco, estar sometidos a estrés o comer demasiado poco durante las comidas principales.

Por eso, antes de intentar eliminar el picoteo, merece la pena preguntarse:

● ¿Tengo hambre realmente?

● ¿Estoy comiendo suficiente en las comidas principales?

● ¿Duermo y descanso adecuadamente?

● ¿Estoy comiendo por aburrimiento, estrés o ansiedad?

● ¿Tengo alimentos disponibles que facilitan el picoteo automático?

● ¿Comer entre horas me ayuda a organizar mejor mi alimentación?

Entonces, ¿necesidad o hábito?

Puede ser cualquiera de las dos cosas.

Comer entre horas no debería considerarse automáticamente un mal hábito ni tampoco una obligación nutricional. Para algunas personas será una necesidad o una estrategia útil para organizar su alimentación; para otras, puede ser simplemente una costumbre que no responde al hambre.

La clave está en escuchar las señales de hambre y saciedad, observar nuestros hábitos y encontrar una forma de comer que sea saludable, flexible y sostenible.

Porque en nutrición no se trata de seguir reglas rígidas, sino de aprender a entender qué necesita nuestro cuerpo y qué papel juegan nuestras costumbres en nuestra alimentación.

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10 IDEAS DE SNACK SALUDABLES

5 snacks para los amantes de lo salado:

  • garbanzos crujientes

mezcla los garbanzos ya hervidos con distintas especias (pimentón dulce, tomillo, pimienta blanca y pimienta cayena con media cucharada de aceite de oliva virgen extra).

Dispón los garbanzos bien extendidos (sin que se amontonen unos sobre otros) encima de un molde de silicona o de la placa de horno cubierta con papel vegetal. Hornea 30 minutos a 200ºC.

 

  • chips de zanahoria y calabacín

Pela los vegetales y corta en láminas finas. Mezcla con las especias y hierbas aromáticas que más te gusten, por ejemplo orégano, pimienta blanca, romero y pimienta negra recién molida con un poco de aceite de oliva virgen extra. Dispón las rodajas bien extendidas encima de la placa de horno forrada con papel vegetal y hornea unos 20 minutos a 110-150ºC vigilando de vez en cuando para evitar que se quemen.

 

  • hummus de guisantes con zanahoria

Tritura una lata pequeña de guisantes con medio diente de ajo, comino en polvo y un poco de caldo vegetal, bebida vegetal o leche desnatada hasta conseguir una textura homogénea que sea de tu agrado. Dispón en un tarro con unos bastones de zanahoria

 

  • bastones de apio o pepino con requesón desnatado

Solo debes limpiar bien los tallos de apio o cortar el pepino en bastones, cortarlos en porciones y rellenarlos con requesón, mejor si es desnatado. Te dejo tres versiones: la primera consiste en mezclar el requesón con tomate seco y albahaca fresca bien picados, la segunda con ralladura de piel de naranja y pimienta negra y la última con menta fresca.

 

  • palomitas con AOVE

cubrir el fondo de la sartén con el aceite de oliva y lo llevaremos al fuego hasta que esté bien caliente. Una vez caliente, echamos con cuidado los granos de maíz cubriendo el fondo de la sartén, procurando que no se amontonen, sino que se queden todos en una capa, para que estén en contacto con el aceite y el fondo de la sartén. Cubrimos la sartén con una tapa dejándola un poquito abierta para que salga el vapor.

 

 

5 snacks para los amantes del dulce:

  • galletas de avena

Chafa un plátano muy maduro con la ayuda de un tenedor y mezcla con copos de avena (unos 30 gramos más o menos). Si quieres agrega un poco de canela molida. Reparte la masa en pequeñas porciones, más o menos la cantidad que cabe en una cucharada de postre, encima de una placa de horno recubierta de papel vegetal y cuece al horno 15-20 minutos.

 

  • pudding de chia y fruta

Mezcla una cucharada sopera de semillas de chía dentro de un yogur desnatado natural. Reservar en la nevera una o dos horas y tendrás el pudding listo. Aderézalo a tu gusto añadiendo fruta encima. Puedes usar frutas como kiwi, mango, fresas o melocotón, por ejemplo. Un consejo: mezcla la chía con el yogur por la noche y así tendrás el pudding listo por la mañana.

 

  • limonada casera

Para elaborar esta bebida diluye el zumo de un limón con agua fría y si lo deseas algunos cubitos de hielo. Si necesitas un punto de dulzor, usa edulcorante acalórico como la stevia. Puedes hacer variaciones para no aburrirte agregando pepino laminado finamente o hojas de menta fresca.

 

  • chips de manzana

Lamina la manzana con una mandolina para que quede bien fina. Reparte la manzana en la placa de horno cubierta con papel vegetal y espolvorea con canela, hornea a 110ºC unas 3 horas dando la vuelta a la mitad de la cocción.

 

  • bocaditos helados de arándanos y yogurt

Añade arándanos a un yogur desnatado natural o a queso fresco batido desnatado y mezcla bien para que las frutas queden bien impregnadas con el yogur. Con una cuchara de postre ves cogiendo los arándanos uno por uno y poniendo en un tupper, repartidos sin que se toquen. Congela como mínimo 2 horas. Separa los arándanos, ya recubiertos de yogur, del tupper y ya puedes consumirlos como si de caramelos se tratara. Si no quieres tomarlos todos puedes conservarlos en el congelador dentro de una bolsa de plástico hermética.