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Inflamación crónica silenciosa: qué es y cómo reducirla desde la alimentación

La inflamación es un mecanismo natural de defensa del cuerpo. Cuando nos lesionamos o enfermamos, el organismo activa una respuesta inflamatoria para protegernos y reparar el daño. Sin embargo, existe otro tipo de inflamación menos evidente, conocida como inflamación crónica silenciosa, que puede mantenerse durante años sin síntomas claros y afectar negativamente a nuestra salud.

¿Qué es la inflamación crónica silenciosa?

A diferencia de la inflamación aguda (como una herida o una infección), la inflamación crónica silenciosa es de baja intensidad pero persistente. No suele causar dolor inmediato, pero con el tiempo puede contribuir al desarrollo de diversas enfermedades como:

-Enfermedades cardiovasculares
-Diabetes tipo 2
-Obesidad
-Enfermedades autoinmunes
-Problemas digestivos

Este tipo de inflamación está muy relacionada con el estilo de vida, especialmente con la alimentación, el estrés, el sedentarismo y la falta de descanso.

Principales causas desde la alimentación

La dieta juega un papel clave en la aparición y mantenimiento de la inflamación. Algunos factores alimentarios que la favorecen son:

-Consumo elevado de azúcares refinados
-Exceso de harinas blancas y ultra procesados
-Grasas trans y aceites refinados
-Bajo consumo de frutas y verduras
-Exceso de alcohol
-Cómo reducir la inflamación a través de la alimentación

La buena noticia es que la inflamación crónica silenciosa puede mejorar significativamente con cambios en la dieta. Aquí tienes algunas estrategias efectivas:

1. Prioriza alimentos antiinflamatorios

Incluye en tu dieta diaria:

Frutas y verduras frescas (especialmente frutos rojos, espinacas, brócoli)
Grasas saludables como el aceite de oliva virgen extra, aguacate y frutos secos
Pescados ricos en omega-3 (salmón, sardinas, caballa)
Especias como la cúrcuma y el jengibre

2. Reduce los ultraprocesados

Evita en la medida de lo posible productos industriales con listas largas de ingredientes. Estos suelen contener azúcares añadidos, grasas poco saludables y aditivos que pueden favorecer la inflamación.

3. Controla el consumo de azúcar

El exceso de azúcar es uno de los principales desencadenantes de la inflamación. Sustituye bebidas azucaradas y dulces por opciones más naturales como fruta fresca.

4. Aumenta la fibra

Una dieta rica en fibra favorece una microbiota intestinal saludable, clave para reducir la inflamación. Incluye legumbres, cereales integrales, frutas y verduras.

5. Mantente hidratado

El agua es esencial para el correcto funcionamiento del organismo. Una buena hidratación ayuda a eliminar toxinas y mantener el equilibrio interno.

Otros hábitos que marcan la diferencia

Además de la alimentación, hay otros factores importantes:

-Dormir entre 7 y 8 horas diarias
-Realizar actividad física regularmente
-Gestionar el estrés
-Evitar el tabaco
-Conclusión

La inflamación crónica silenciosa es un problema cada vez más común, pero también prevenible y reversible en muchos casos. Adoptar una alimentación basada en alimentos reales, frescos y nutritivos puede marcar una gran diferencia en tu salud a largo plazo.

Pequeños cambios sostenidos en el tiempo pueden ayudarte a reducir la inflamación y mejorar tu bienestar general. Tu cuerpo lo notará.

 

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PROBIOTICOS Y PREBIOTICOS

El estudio del microbioma humano ha incrementado el conocimiento actual que existe sobre la importancia de la microbiota en la salud durante todas las etapas de la vida. La colonización microbiana humana ocurre en la piel, en el sistema genitourinario y, principalmente, en la cavidad oral y el tracto gastrointestinal. En todos estos lugares, la microbiota humana establece una relación simbiótica con el hospedador y ayuda a mantener la homeostasis fisiológica. Los principales reguladores de la composición y la funcionalidad de la microbiota humana son el estilo de vida, la edad y la dieta. 

El estudio del microbioma humano ha incrementado el conocimiento actual que existe sobre la importancia de la microbiota en la salud durante todas las etapas de la vida. La colonización microbiana humana ocurre en la piel, en el sistema genitourinario y, principalmente, en la cavidad oral y el tracto gastrointestinal. En todos estos lugares, la microbiota humana establece una relación simbiótica con el hospedador y ayuda a mantener la homeostasis fisiológica. Los principales reguladores de la composición y la funcionalidad de la microbiota humana son el estilo de vida, la edad y la dieta. 

En este sentido, debido a que la microbiota intestinal humana puede desempeñar un papel importante en la salud del huésped, actualmente existe gran interés en la manipulación de la composición de la flora intestinal hacia una comunidad potencialmente más reparadora.  Se han realizado intentos para aumentar ciertos grupos bacterianos, como Bifidobacterium y Lactobacillus, y se ha profundizado en el desarrollo y la producción de probióticos y prebióticos.

¿Qué es un probiótico?

Los probióticos han sido definidos por la Organización de Alimentación y Agricultura (FAO, Food and Agriculture Organization) de las Naciones Unidas y por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como microorganismos vivos que, cuando se administran en cantidades adecuadas, confieren un beneficio a la salud del hospedador. 

Hay criterios permanentes en la mayoría de las definiciones que se han propuesto para probióticos, especialmente aspectos tales como la viabilidad de los microorganismos, la administración oral y el efecto beneficioso demostrado para la salud tras su consumo.

La definición de probiótico implica que se mantenga activa su capacidad beneficiosa cuando se alcanzan los lugares donde interaccionan con el hospedador y que explican sus mecanismos de acción. Además, la viabilidad de los probióticos debe mantenerse durante la vida útil del producto en el que se administra, el cual debe contener la cantidad de microorganismos necesarios para proporcionar el beneficio esperado.

Asimismo, es necesario que exista evidencia científica que demuestre que el consumo de un microorganismo determinado produce un efecto beneficioso concreto en la salud del hospedador, para acreditar su categoría de probiótico. Los distintos efectos sobre la salud que ejercen los probióticos, se llevan a cabo a través de distintas acciones sobre la flora intestinal.

¿Qué es un prebiótico?

Según la World Gastroenterology Organisation (WGO), los prebióticos son sustancias de la dieta (que fundamentalmente consisten en polisacáridos y oligosacáridos no amiláceos) que nutren a grupos seleccionados de microorganismos que habitan en el intestino favoreciendo el crecimiento de bacterias beneficiosas sobre las nocivas. Entre los prebióticos comunes conocidos se encuentran: la oligofructosa, inulina, galactooligosacáridos, lactulosa y oligosacáridos de la leche materna.
Además, para que un ingrediente alimentario o un alimento pueda considerarse como prebiótico, debe cumplir una serie de requisitos tales como: 

  1. No ser hidrolizado o absorbido en el tracto gastrointestinal superior (esófago estómago y duodeno) y, por lo tanto, ser  resistente a la acidez gástrica, a la hidrólisis por enzimas digestivas y no absorberse en el intestino delgado.
  2. Ser fermentado selectivamente por bacterias beneficiosas de la microbiota intestinal
  3. Ser capaz e inducir efectos fisiológicos beneficiosos para la salud

Diferencias entre un probiótico y prebióticos

La diferencia fundamental entre ambos es que los probióticos son microorganismos vivos que cuando se administran en cantidades adecuadas confieren un beneficio a la salud del consumidor; mientras que los prebióticos son sustratos no digeribles, que estimulan el crecimiento o la actividad de los microorganismos autóctonos, resultando un beneficio para la salud.

Existe también diferencia en el uso de los mismos en función del objetivo deseado o posibles beneficios que se pueden obtener.

Respecto a los beneficios asociados a la administración de probióticos, existe una mayor evidencia para la remisión de sintomatologías de mala digestión, reposición de la microbiota después de que la residente haya sido eliminada por cualquier causa, prevención de la mastitis durante la lactancia y otros como la enterocolitis necrotizante, enfermedad inflamatoria intestinal y colitis pseudomembranosa. Por otra parte, los prebióticos se suelen utilizar como laxantes debido a su capacidad para aumentar el peristaltismo y en la prevención y tratamiento de la encefalopatía hepática.

Alimentos probióticos y prebióticos

  • Probióticos

El primer probiótico usado e incluso inicialmente comercializado en las farmacias es el yogur. La diferencia entre un yogur y un probiótico es que el primero es, según el Codex Alimentarius Español, un producto de leche coagulada obtenida por la fermentación láctica producida exclusivamente por Lactobacillus delbrueckii sp. bulgaricus y Streptococcus salivarius sp. thermophillus. En cambio, los probióticos de venta en farmacia son complementos alimenticios que pueden contener distintas cepas de probióticos, entre otros componentes y cuyas bacterias están liofilizadas.

  • Prebióticos

En relación a los prebióticos, los más conocidos son los fructooligosacáridos (FOS) y la inulina. Estos carbohidratos pueden estar presentes de forma natural en alimentos tales como leche, miel, hortalizas y verduras (puerro, alcachofa, espárragos, ajo, cebolla, achicoria…), frutas, cereales (trigo, avena), legumbres y frutos secos de donde se pueden extraer, aunque también pueden obtenerse por métodos químicos y enzimáticos.

Los prebióticos entre otras actividades, estimulan el crecimiento selectivo de determinadas especies beneficiosas de la microbiota intestinal, principalmente bifidobacterias y lactobacilos. Aunque se han demostrado un gran número de efectos beneficiosos de los prebióticos, para evitar efectos adversos hay que tener en cuenta un factor muy importante, establecer una ingesta adecuada.


Existen en el mercado complementos alimenticios que cuentan en su composición con microorganismos vivos (probióticos) y prebióticos. Estos se denominan simbióticos ya que mezclan uno o más organismos probióticos con uno o varios compuestos prebióticos. Su objetivo es favorecer el desarrollo y la actividad de los probióticos y prebióticos que los componen para potenciar sus propiedades saludables, generando un efecto sinérgico entre ellos, más completo.

El farmacéutico es el profesional sanitario más adecuado para recomendar el producto más oportuno dependiendo de los requerimientos y de las características del paciente. Su consejo nos puede orientar para seleccionar la presentación más adecuada (en comprimidos, sobres, etc.) y hacer un correcto uso de los mismos. Existen complementos alimenticios que incluyen entre sus ingredientes la combinación de lactobacillus, bifidobacterias, fructooligosacáridos y vitaminas del grupo B, que contribuyen al mantenimiento normal de las mucosas como la digestiva, la protección de las células frente al daño oxidativo y contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario. Del mismo modo existen presentaciones adaptadas para la edad infantil que combinan estas y otras cepas como S. thermophillus y fibra.

Este tipo de complementos pueden contribuir a la salud de nuestra microbiota si se utilizan adecuadamente con el consejo adecuado de un profesional sanitario